Cada noche a la hora de ir a dormir, acompaño a mis hijos hasta la habitación, me encanta quedarme con ellos un ratito, taparlos, hablarles, escucharlos, acostarme al lado de ellos un momentito, para sentirlos así, muy míos, después el marcharme de la habitación es complicado, me piden mas besos, o mas caricias , al final casi siempre acabo repartiendo mas de 200 besos y mas de 200 caricias, pero ayer por la noche, después de 199 besos y 199 caricias bajé un momento a por un vaso de agua para Ari, cuando se lo bebió salí de la habitación, deseándoles felices sueños

Un cuarto de hora después sentí ruiditos en el piso de arriba, esos que me indican que precisamente durmiendo no están, cuando subí para poner orden, me sorprendió mi hijo diciéndome : mami es que no me has dado el último beso y señalándose el corazón, me dijo, y eso duele aquí.

Pa comérmelo, a besos, claro