A veces llevadas por la emoción o por la ilusión que nos hace que pase algo especial, confundimos las palabras, decimos lo que pensamos en ese momento, sin pensar en las consecuencias.

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La impulsividad a la hora de transmitir nuestras palabras nos hace luego rectificar, matizar, aclarar, y donde dijimos "Diego, quisimos decir Rodrigo" y no es lo mismo